jueves, 5 de marzo de 2020

Chilluévar



Chilluévar es una localidad de la provincia de Jaén En el año 2006 contaba con 1.629 habitantes. Su extensión superficial es de 38 km² y tiene una densidad de 42,86 hab/km². Sus coordenadas geográficas son 38°0' N, 3°1' O. Se encuentra situada a una altitud de 716 metros y a 110 kilómetros de la capital de provincia, Jaén. 

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Fuente del texto: jaenpedia 

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miércoles, 4 de marzo de 2020

La ciudad de Cástulo



Cástulo

Cástulo fue una importante ciudad íbera, capital de la región de Oretania. Las ruinas de lo que fue aquel asentamiento se encuentran a apenas 5 km. de Linares. Para llegar deberemos seguir la JA-4102 dirección Torreblascopedro y estar atentos a un desvío a la izquierda que se encuentra debidamente indicado.

La ciudad de Cástulo cuenta con una trayectoria histórica de más de 4.000 años, una historia en la que ha quedado reflejada la presencia y las influencias de las culturas del Mediterráneo, que han dejado su huella en el sitio y su territorio. Cástulo nos ofrece una herencia patrimonial que poco a poco recuperamos gracias a las investigaciones arqueológicas, un legado que debemos conocer y proteger.

Esta ciudad fue un importante nudo de comunicación de las vías antiguas, y hasta Cástulo era navegable el antiguo Betis. A lo largo de su historia, tuvo el control del cobre, la plata y el plomo de Sierra Morena. El oppidum (o ciudad fortificada) de Cástulo, primero, fue el más importante núcleo de población de la Oretania ibérica y, más tarde, se constituyó como municipio romano, llegando a ser sede episcopal en época bajo-imperial.

Los autores clásicos otorgaron un especial reconocimiento a Cástulo, debido en particular a su protagonismo en el transcurso de la II Guerra Púnica —un episodio crucial en la historia de la ciudad—. Habiendo destacado, en un primer momento, Cástulo por su fidelidad a Cartago, acabó suscribiendo una alianza con Roma. Esta circunstancia le va a permitir mantener una excepcional autonomía política, como manifiesta en esa coyuntura su capacidad para acuñar moneda (donde la comunidad indígena plasma sus propios símbolos y escritura).

Pese al expolio sufrido en la zona a raíz de su abandono, las intervenciones arqueológicas y los diversos hallazgos evidencian la importancia del yacimiento y muestran una gran riqueza cultural e histórica. El yacimiento arqueológico actual no solo destaca por su alto interés histórico y arqueológico, sino que igualmente cuenta con recursos paisajísticos y medioambientales que lo dotan de una singularidad especial.


Martillo minero (2000-1.500 a.C.)
La riqueza de este territorio favoreció la ocupación de homínidos desde etapas muy tempranas, unas comunidades que se desarrollaron en torno al importante curso fluvial del río Guadalimar.

Los estudios arqueológicos realizados en el entorno de Cástulo y sobre las terrazas del río Guadalimar permiten conocer la presencia de homínidos pertenecientes a sociedades nómadas (Homo neanderthalensis) en etapas del Paleolítico Medio (180.000 a.C. – 40.000 a.C.).

El origen de la ciudad de Cástulo podría fecharse en el Neolítico (5.000 a.C. – 2.000 a.C.), un periodo que se caracteriza por el desarrollo de la agricultura, la ganadería y por avances tecnológicos como el uso de la piedra pulida o la cerámica. Esto favorece la aparición de los primeros asentamientos estables sobre la meseta. En la Edad de Bronce Medio, Cástulo es un importante núcleo de población vinculado con las explotaciones mineras de Sierra Morena, gracias a lo que se consolidó como una de las ciudades más ricas y extensas de la Península Ibérica.

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Esfinge del túmulo de los Higuerones (s. VII a.C.)
La riqueza de la zona y la estratégica situación de la ciudad, junto al río Guadalimar, permitió a Cástulo establecer relaciones comerciales con las grandes civilizaciones del Mediterráneo.

En la etapa del Bronce Final, Cástulo se convirtió en receptor primario de los intereses mineros griegos y fenicios en el Alto Guadalquivir, así como en un centro avanzado en la periferia de la cultura tartésica.

La llegada de griegos y fenicios dio paso a una nueva etapa determinada por la influencia de éstos sobre la cultura autóctona. Este período queda patente principalmente por los restos que se han hallado en la ladera sureste de la meseta, junto al río Guadalimar. 

Allí se encuentra el poblado de la Muela, fechado en torno al siglo VIII a.C., zona en la que se conservan restos de un templo o palacio aristocrático fenicio que evidencia la complejidad social del momento y sus relaciones comerciales con el ámbito Mediterráneo.

En este momento la ciudad comenzó a destacar por ser un importante núcleo de población relacionado con actividades ganaderas, agrícolas y mineras, explotaciones que marcaron la evolución e importancia de la ciudad.

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Crátera griega de la necrópolis ibérica de 
Puerta Norte (s. IV a.C.)
En época ibérica se produjo en Cástulo un importante desarrollo gracias a la incorporación de nuevas tecnologías y a las transformaciones sociales provocadas por la influencia de griegos y fenicios. De esta etapa conocemos datos (en cuanto a su organización social y política) gracias a las fuentes escritas.

Diodoro y Apiano nos hacen ver una sociedad organizada en torno a una monarquía, liderada por diferentes reyezuelos. En estos momentos el oppidum de Cástulo se convirtió en la ciudad más extensa de la Península Ibérica, hasta el punto de acuñar su propia moneda, usando la esfinge como su símbolo.

Son relevantes los acontecimientos históricos ocurridos en torno a la ciudad como consecuencia del interés de las civilizaciones del Mediterráneo por dominar una de las regiones más ricas en cuanto a recursos materiales y humanos. En un primer momento, el desarrollo e importancia de esta región, motivó el interés de los cartagineses, que sometieron la ciudad en el año 228 a.C. al mando del general Amílcar Barca. Aníbal, su hijo, se suministró de todo lo necesario para iniciar la Segunda Guerra Púnica y el intento de la conquista de Roma.

La Península fue para los cartagineses la principal base de suministro de hombres, víveres y sobre todo riquezas para organizar la expedición a Italia en la Segunda Guerra Púnica. Cástulo, con sus minas argentíferas, supuso la más importante fuente de ingresos.

Finalmente los romanos se vieron obligados a conquistar esta importante zona de abastecimiento del ejército cartaginés para frenar su avance imparable.

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Denario de plata
El cometa de César (s. I a.C.)
El inicio de la Segunda Guerra Púnica provocó la entrada de las legiones romanas en la Península Ibérica cortando así la vía de suministro a las tropas de Aníbal, que avanzaban hacia Roma. Los romanos conquistarían la región de Cástulo en el año 214 a. C. aunque por poco tiempo ya que en el 211 a.C. el ejército cartaginés, comandado por los generales Magón Barca y Asdrúbal Giscón, volvería a conquistar la zona dando muerte a los generales romanos Publio y Cneo Cornelio Escipión.

En el año 209 a.C. el general romano Publio Cornelio Escipión Africano conquista Carthago Nova e inicia la conquista de la Península dirigiéndose hacia Cástulo, asediándola y conquistándola mediante un pacto con la aristocracia local en el año 206 a.C. Es entonces cuando la ciudad entra en la órbita romana hasta el fin del Imperio.

Tras la conquista de Cástulo por Roma, se concedieron a la ciudad privilegios sociales y políticos, convirtiéndose en ciudad federada (“civitas liberae et inmunes”), exenta parcialmente de pagos de tributos, y manteniendo el control económico sobre los yacimientos metalíferos de Sierra Morena Oriental, sobre los que comenzaron rápidamente los trabajos atrayendo a numerosos publicanos procedentes del sur de Italia para explotar las minas.

Durante la Baja República y el Alto Imperio Cástulo gozó de una prosperidad económica y social conocida a través de los restos de edificios públicos documentados mediante metodología arqueológica en las últimas décadas o de la epigrafía, por la que conocemos la existencia de un teatro, un anfiteatro o grandes y lujosos edificios en su centro monumental.

Con la crisis del imperio romano la ciudad continuó habitada, y los datos arqueológicos recientes confirman la existencia de una comunidad judía asentada en torno a los siglos IV-V d.C. en la zona del centro monumental. En el 313 d.C. Constantino I legalizó el cristianismo y en el 325 d.C con el Primer Concilio de Nicea le otorga la legitimidad en el Imperio que favorecería su expansión. En Cástulo destaca la existencia de uno de los edificios cristianos más antiguos de la Península Ibérica, fechado en el siglo IV d.C. y en el que se encontró la patena de Cristo en Majestad.

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Hebilla de cinturón (s.VII d.C.)

De época visigoda son escasas las evidencias arqueológicas en Cástulo, exceptuando algunos restos documentados en la meseta Noreste y en la necrópolis de la Puerta Norte, aunque sí hay constancia de referencias históricas de ellos.

Durante esta etapa, cuando Recaredo deja el arrianismo en el año 589 d.C. promulgando como religión oficial el cristianismo, Cástulo aparece representada en los diferentes Concilios por su obispo o un presbítero en representación suya.

Cástulo es sede episcopal y su diócesis tiene su origen en época romana, interrumpiéndose a finales del siglo VII d.C., cuando la silla episcopal se traslada a Baeza, siendo el X Concilio de Toledo el último al que asisten los obispos castulonenses.

En esta etapa la ciudad habría sufrido una drástica reducción de la población y parcialmente se encontraría abandonada. Las evidencias arqueológicas sugieren una concentración de la población en la meseta Noreste de la ciudad, donde se han localizado enterramientos reutilizando estructuras romanas.

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Candil islámico (s. IX-X d.C.)
En época de al-Andalus la ciudad es conocida como el Ḥiṣn de Qastuluna, una fortificación que según las recientes investigaciones arqueológicas ocupaba la zona elevada al Noroeste de la gran meseta, siendo el resto de la antigua ciudad romana un lugar de asentamiento de pequeños núcleos dispersos dentro del recinto amurallado.

Sobre la historia de la ciudad en esta etapa contamos con ciertas referencias históricas, como la de la batalla de Qastuluna en el año 786 d.C. entre las tropas de Abderramán I y Yusuf aI-Fihri, gobernador de la Marca de Toledo que se sublevó contra el emir.

Otra referencia la encontramos posteriormente, con la sublevación de los muladíes en Qastuluna mediante la que Ubay ben Alah ben AI-Shaliya se proclama rey y gobernará aproximadamente durante veinte años, hasta que Abderramán III decide poner fin a la revuelta y AI-Shaliya debe entregar la ciudad al no poder hacer frente con sus reducidas tropas a las del califa.

Entre los siglos XI y XIII la fortificación principal se posiciona en el extremo sur de la antigua ciudad. De este período es el Castillo de Santa Eufemia del que hoy día sólo quedan en pie restos de un torreón construido con tapial a finales del siglo XII. Este castillo, situado en el extremo sur, queda aislado de la meseta principal y contaba con un foso al norte para favorecer la defensa de la zona más vulnerable.

Tras la conquista cristiana, Cástulo continuó ocupada con un pequeño núcleo de población hasta el siglo XIV, antes de ser abandonado definitivamente. A partir de ese momento, el auge de Baeza, Linares o Úbeda supuso el desmantelamiento de Cástulo, sirviendo sus ruinas de cantera para el crecimiento de estas ciudades y otras construcciones de la zona.

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Plano de Cástulo elaborado 
por Gregorio López Pinto en 1.656
En el siglo XV, Cástulo sufrió la orden de demolición de sus murallas y de los restos de edificios que aún quedaban en pie para que no sirvieran de refugio a bandidos y salteadores de caminos. Con esa destrucción desaparecieron los restos de una de las ciudades ibero-romanas más importantes de la Península.

Tras el abandono definitivo del sitio, comienza el interés por sus ruinas. La primera visita a Cástulo por su interés sobre su historia de la que queda constancia fue la del embajador de la República de Venecia, Andrea Navaguero, en 1526, interesado por la arquitectura de las ciudades romanas mencionadas en la literatura clásica.

Durante los reinados de Carlos I y Felipe II se realizan diversos catálogos de Antigüedades, y Cástulo merece la atención de autores como Gregorio López Pinto, que en su “Historia apologética de la muy antiquísima ciudad de Cástulo” describía el yacimiento indicando el fuerte amurallamiento del mismo y localizaba cuatro puertas principales de acceso a la ciudad situadas en los cuatro puntos cardinales.

En este plano representa uno de los últimos edificios construidos en Cástulo, la ermita de Santa Eufemia, dedicada a la adoración de esta santa tras la falsa atribución de su martirio en la ciudad por parte de Jerónimo Román de la Higuera a finales del siglo XVI.

La descripción más exhaustiva del asentamiento la realiza en el siglo XVIII, J. Martínez de Mazas, que pone de relieve la existencia de numerosas ruinas en el entorno de la ciudad amurallada.

En el siglo XIX Cástulo fue objeto de diversas descripciones como las de Pascual Madoz o las de Manuel de Góngora -Inspector de Antigüedades de la Real Academia de la Historia- que visitó el yacimiento e identificó cuatro puertas en el recinto amurallado, al igual que López Pinto, y varias torres de piedras ciclópeas, realizando un detallado plano topográfico en el que nos descubre el estado del yacimiento.

Mosaico de los Amores (s. I d.C.)
A partir de los años 60 del siglo XX se realizaron en Cástulo y su entorno numerosas excavaciones arqueológicas, destacando principalmente las dirigidas por José María Blázquez, que realizó numerosos estudios dentro de la ciudad y en las necrópolis existentes en torno a ella, dando a conocer mediante una metodología científica la riqueza Patrimonial de la que hablaban las fuentes antiguas.

En el año 2011, junto a la creación del Conjunto Arqueológico de Cástulo, comenzó una nueva etapa de las investigaciones mediante el Proyecto Forvm MMX, el germen del Proyecto General de Investigación Cástulo Siglo XXI que se desarrolla en la actualidad y que auna los esfuerzos de diferentes administraciones (Consejería de Cultura y Consejería de Economía, Innovación, Ciencia y Empleo de la Junta de Andalucía; Universidad de Jaén; Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica; Diputación Provincial; Ayuntamiento de Linares y la Universidad Chapman (EE.UU.)). Este proceso ha dado lugar a la creación de un extenso equipo técnico multidisciplinar, que junto al esfuerzo de la ciudadanía mediante programas de voluntariado, apuesta por la investigación, puesta en valor y protección de nuestro Patrimonio.

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Fuente del texto: castulolinares

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José María Blázquez Martínez



Blázquez Martínez, José María. Oviedo, 7.VI.1926 – Madrid, 27.III.2016. Historiador de la Antigüedad, catedrático de Historia Antigua y anticuario interino de la Real Academia de la Historia.
Nació en Oviedo y estudió bachillerato en el Instituto de Salamanca, en cuya universidad se licenció en Filosofía y Letras (Filología Clásica) el 3 de diciembre de 1951, doctorándose en Madrid el 24 de enero de 1956, sobre Estudio de las primitivas religiones de Hispania, dirigida por Antonio García y Bellido. 

Tras su formación en España, donde fue alumno de Antonio García y Bellido, Antonio Blanco Freijeiro, Antonio Tovar, Álvarez de Miranda, Ramos Los Certales y Vallejo, amplió estudios en Italia, donde se diplomó en la Universidad de Perugia en Etruscología y fue becario en la Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma, en 1954 y en 1956, estudiando con Massimo Pallottino y, de 1962 a 1966, con los profesores F. Matz y H. Drerup, como pensionado en la Universidad de Marburgo, donde conoció a su mujer, la arquitecta Beatriz Schwaar. 

Estudió también en Francia, Grecia y Marruecos y, posteriormente, ha hecho viajes de estudio por casi todo el Antiguo Continente y por diversos países americanos y ha sido pensionado por las universidades de Bonn, Marburgo, Tel Aviv y Riad, por los gobiernos de Israel e Irak y por el Instituto Arqueológico Alemán en Estambul y Damasco.

Fue profesor ayudante de Filología Clásica de la Universidad Complutense de Madrid (1952-1954), encargado de la cátedra de Historia de Grecia y de Roma en Filología Clásica de la Universidad de Salamanca (1957-1965), obtuvo por oposición la cátedra de Historia Antigua Universal de la Universidad de Salamanca (1966-1968), pasando en 1969 como catedrático de Historia Antigua a la Universidad Complutense, donde impartió también Historia de Grecia y Roma e Historia de las Religiones, y donde continuó colaborando como profesor emérito, tras su jubilación en 1991, lo mismo que con diversas universidades, como las de Alicante, Almería, Cáceres, Gijón, Málaga, Oviedo, Salamanca, Santander, San Francisco (Estados Unidos), etc.

Aunque formado en Arqueología Clásica, posteriormente se dedicó a la Historia Antigua al ocupar la cátedra de la Universidad de Salamanca, en la que dio gran impulso a la Historia de la Antigüedad, aplicando además de las fuentes literarias la Arqueología, Epigrafía, Numismática, Historia de las Religiones, etc. En su larga actividad universitaria se formaron con él varias generaciones de estudiosos y dirigió más de cuarenta tesis doctorales en las universidades de Salamanca y Complutense, como las de J. M. Abascal, V. Alonso, J. Alvar, J. Arce, A. del Castillo, E. Conde Guerri, F. Díaz de Velasco, U. Espinosa, A. González, A. Lozano, J. Mangas, S. Montero, M. Pastor, M. A. Rabanal, J. L. Ramírez, J. Remesal, R. Teja y J. Uroz, etc. 

Desde un punto de vista historiográfico, fue quien más contribuyó en España a transformar los estudios de Historia Antigua, abriéndola al mundo internacional y encauzando a sus numerosos discípulos hacia una formación internacional. Fue también director del Departamento de Historia Antigua de la Universidad Complutense (1977- 1982), donde fundó y dirigió la revista Gerion (1983- 1991), así como del Instituto Español de Arqueología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) (1973-1984) y de su revista, el Archivo Español de Arqueología (1973-1987) y, de 1979 a 1990, dirigió los Coloquios Internacionales para el estudio del aceite en la Antigüedad.

José María Blázquez fue un trabajador incansable y prolífico, que publicó más de setenta y cinco libros y cerca de cuatrocientos artículos en revistas especializadas, además de cerca de cien ponencias en congresos nacionales e internacionales desde 1953. Entre sus numerosas obras cabe destacar en sus años iniciales, hacia 1960, sus estudios sobre religiones prerromanas, que ha proseguido posteriormente. 

Muy famosa se hizo su obra Tartessos y los orígenes de la colonización fenicia en Occidente (1968), obra reeditada por su éxito (1975), tema al que ha dedicado numerosos artículos y comunicaciones. Otra de las especialidades más cultivadas fue la historia de Hispania, mostrando particular interés por la romanización y por los aspectos económicos y sociales, cuyo estudio inició hacia 1960, prosiguiendo hasta los años noventa. También dirigió importantes proyectos de investigación como arqueólogo. 

Destacan diversas excavaciones en Caparra (1957-1960), sus dieciséis campañas de excavación y sus estudios sobre Castulo, Jaén (1976-1992), yacimiento cuya importancia esencial en la antigua Hispania supo valorar y difundir y la publicación de nueve volúmenes del Corpus de Mosaicos Romanos en España (1976-1991), además del Estudio del aceite en la Antigüedad (1983-1986), que se ha vinculado con las excavaciones y estudio del Monte Testaccio de Roma, en colaboración con José Remesal (1981-), empresa internacional asociada al estudio de la producción del aceite de la Bética de gran importancia para la historia económica del Imperio romano.

Su actividad fue recompensada con numerosas distinciones y condecoraciones. Fue miembro correspondiente (1966) y ordinario (1968) del Instituto Arqueológico Alemán de Berlín, miembro del Comité Internacional de Epigrafía Griega y Romana (1974), de la Hispanic Society of America, de Nueva York (1974), de la Academia de Arte y Arqueología de Bolonia, Italia (1980) y en 1987 fue elegido académico de la Real Academia de la Historia por la medalla trece a propuesta de Emilio García Gómez, Antonio Blanco Freijeiro y Carlos Seco Serrano en 1987, leyendo el 14 de enero de 1990 su discurso sobre La sociedad del Bajo Imperio en la obra de Salviano de Marsella, que respondió Antonio Blanco Freijeiro y donde ocupó el cargo de anticuario interino (1993-1997). Fue asimismo miembro de la Academy of Sciences, de Nueva York (1994), correspondiente de la Accademia Nazionale dei Lincei, Roma (1994), académico correspondiente de la Section Archéologie de la Académie des Incriptions et Belles Lettres, París, académico correspondiente de la Académie de Aixen- Provence, miembro de la Asociación de Arqueología de Sintra, Portugal, académico correspondiente de la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, Sevilla, de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona y de la Academia de Córdoba. 

Además, fue también doctor honoris causa por las Universidades de Valladolid, de Salamanca y de Bolonia, Gran Medalla de Plata de Arqueología de la Academia de Arquitectura de París (1980), Premio F. Cumont para historiadores de la Academia de Bruselas (1984), premio al mejor arqueólogo del año de Cultura Viva, Placa de Bronce de Amigos de Arqueología, premio Cultori, concedido por el Ayuntamiento de Roma, y premio I caballi di oro de Venecia.


Fuente del texto: biografias 

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martes, 3 de marzo de 2020

Día Internacional de la Mujer, 8 de marzo


Samira, una refugiada siria, es una de las sastres principales en el Centro Oasis para la Resiliencia y Empoderamiento de Mujeres y Niñas, operado por ONU Mujeres en el campamento de refugiados de Azraq en Jordania. ONU Mujeres/Christopher Herwig.

Igualdad de género para 2030

El Día Internacional de la Mujer es un buen momento para reflexionar acerca de los avances logrados, pedir más cambios y celebrar la valentía y la determinación de las mujeres de a pie que han jugado un papel clave en la historia de sus países y comunidades.

El mundo ha logrado avances sin precedentes, pero ningún país ha alcanzado la igualdad de género.
Hace 50 años, llegamos a la Luna; en la última década, hemos descubierto nuevos ancestros humanos y hemos fotografiado un agujero negro por primera vez.

Mientras tanto, existen restricciones legales que impiden a 2 700 millones de mujeres acceder a las mismas opciones laborales que los hombres. Menos del 25% de los parlamentarios eran mujeres en 2019 y una de cada tres mujeres sigue sufriendo violencia de género.

Hagamos que 2020 sea un año decisivo para las mujeres y las niñas en todo el mundo.

Soy de la Generación Igualdad

Este año el tema se denomina “Soy de la Generación Igualdad: Por los derechos de las mujeres” , siguiendo los pasos de la campaña de ONU Mujeres con el mismo nombre (Generación Igualdad) y que conmemora el 25º aniversario de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing (1995), la hoja de ruta más progresista para el empoderamiento de las mujeres y las niñas en todo el mundo.

Además en este año también se celebrarán otros logros significativos para la Organización, como puede ser el 10º aniversario de la creación de ONU Mujeres, entre otros.

El consenso que está surgiendo a nivel mundial es que, a pesar de algunos progresos, el cambio real ha sido desesperadamente lento para la mayoría de las mujeres y niñas en el mundo. Al día de hoy, ningún país puede pretender que ha alcanzado la igualdad de género. Hay una serie de obstáculos que permanecen sin cambios. Las mujeres y las niñas siguen siendo infravaloradas; trabajan más, ganan menos y tienen menos opciones; y sufren múltiples formas de violencia en el hogar y en espacios públicos. Además, existe una amenaza significativa de reversión de los logros feministas que tanto esfuerzo costó conseguir.

El año 2020 representa una oportunidad excepcional para movilizar la acción mundial con miras a lograr la igualdad de género y la realización de los derechos humanos de todas las mujeres y niñas.

Fuente del texto: observances 

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Día Internacional de la Mujer: ¿Qué pasó el 8 de marzo de 1857?

El incendio de una fábrica de camisas de Nueva York en el que murieron 146 personas marcó la lucha por los derechos de la mujer


Dos integrantes de un piquete durante la huelga de las camiseras de Nueva York de 1909, precedente del Día Internacional de la Mujer.

El Día Internacional de la Mujer del 8 de marzo fue declarado por la ONU en 1975. Dos años más tarde se convirtió en el Día Internacional de la Mujer y la Paz Internacional. En Estados Unidos se celebra oficialmente tan solo desde 1994, a pesar de que es en aquel país donde se encuentran los orígenes de la conmemoración. ¿Por qué se eligió ese día?

La explicación más verosímil se remonta a mediados del siglo XIX, en plena revolución industrial. El 8 de marzo de 1857, miles de trabajadoras textiles decidieron salir a las calles de Nueva York con el lema 'Pan y rosas' para protestar por las míseras condiciones laborales y reivindicar un recorte del horario y el fin del trabajo infantil.

Fue una de las primeras manifestaciones para luchar por sus derechos, y distintos movimientos, sucesos y movilizaciones (como la huelga de las camiseras de 1909) se sucedieron a partir de entonces. El episodio también sirvió de referencia para fijar la fecha del Día Internacional de la Mujer en el 8 de marzo, jornada reivindicativa a la que Google dedica hoy un 'doodle'.

El capítulo más cruento de la lucha por los derechos de la mujer se produjo, sin embargo, el 25 de marzo de 1911, cuando se incendió la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York. Un total de 123 mujeres y 23 hombres murieron. La mayoría eran jóvenes inmigrantes de entre 14 y 23 años.

Según el informe de los bomberos, una colilla mal apagada tirada en un cubo de restos de tela que no se había vaciado en dos meses fue el origen del incendio. Las trabajadoras y sus compañeros no pudieron escapar porque los responsables de la fábrica habían cerrado todas las puertas de escaleras y de las salidas, una práctica habitual entonces para evitar robos.

Trabajadoras textiles de Nueva York, durante una huelga en 1910.

El desastre industrial, el más mortífero de la historia de la ciudad, supuso la introducción de nuevas normas de seguridad y salud laboral en EEUU.

Precedentes del Día Internacional de la Mujer

Antes de esta fecha, en EEUU, Nueva York y Chicago ya habían acogido el 28 de febrero de 1909 un acto que bautizaron con el nombre de 'Día de la Mujer', organizado por destacadas mujeres socialistas como Corinne Brown y Gertrude Breslau-Hunt.

En Europa, fue en 1910 cuando durante la 2ª Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague (Dinamarca) con la asistencia de más de 100 mujeres procedentes de 17 países, se decidió proclamar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

  

Detrás de esta iniciativa estaban defensoras de los derechos de las mujeres como Clara Zetkin Rosa Luxemburgo. No fijaron una fecha concreta, pero sí el mes: marzo.

Derecho a votar

Como consecuencia de esa cumbre de Copenhague, el mes de marzo de 1911 se celebró por primera vez el Día de la Mujer en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza. Se organizaron mítines en los que las mujeres reclamaron el derecho a votar, a ocupar cargos públicos, a trabajar, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.

Coincidiendo con la primera guerra mundial, la fecha se aprovechó en toda Europa para protestar por las consecuencias de la guerra.

El color morado

La celebración se fue ampliando progresivamente a más países. Rusia adoptó el Día de la Mujer tras la Revolución comunista de 1917. Le siguieron muchos países. En China se conmemora desde 1922, mientras que en España se celebró por primera vez en 1936.

El color morado es el color representativo del Día de la Mujer, y el que adoptan las mujeres o los edificios como signo de la reivindicación. Fue el color que en 1908 utilizaban las sufragistas inglesas. En los 60 y los 70 las mujeres socialistas escogieron este color como símbolo de la lucha feminista y posteriormente se le asoció a la jornada que se celebra cada 8 de marzo.

Fuente del texto: elperiodico 

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DÍA DE LA MUJER

FEMINISMO, EL CAMINO HACIA EL 8 DE MARZO 

¿Por qué se celebra el Día Internacional de la Mujer justo el 8 de marzo? 
Analizamos cuáles son las distintas explicaciones históricas sobre el día de esta celebración reivindicativa. 

Guiomar Huguet

A finales del siglo XIX, los actos que llevaban a cabo las sufragistas –cada vez más numerosos– estaban a punto de empezar a cosechar éxitos. Este cartel refleja el creciente acceso a la información que estaban experimentando las mujeres. 

Desde hace más de 100 años, el 8 de marzo es un día que celebra los derechos conquistados por las mujeres en todos los ámbitos y conmemora la larga historia de luchas y sacrificios para conseguirlos. En la actualidad, durante esta jornada, se organizan marchas y manifestaciones en todo el mundo para denunciar que todavía queda mucho camino por recorrer hasta alcanzar esta deseada igualdad real entre hombres y mujeres. Pues muchos datos confirman precisamente esto, que en muchos países nacer mujer es un lastre social.

Algunas de las proclamas que más se escuchan durante la jornada de protesta son la reclamación de la equiparación laboral y salarial, una presencia igualitaria en puestos políticos y empresariales relevantes, el rechazo a la violencia de género, así como la exigencia de más políticas para detenerla: en definitiva, un empoderamiento completo de las mujeres en el marco de la sociedad actual.

Los motivos por los que se estableció un día para reivindicar el lugar de la mujer en la sociedad parece que están claros. Sin embargo, ¿por qué hacerlo precisamente un 8 de marzo? Si echamos la vista atrás, encontramos más de un antecedente histórico, y no está claro cuál fue el más determinante.

FECHAS CLAVE DE LA LUCHA FEMINISTA

En marzo 1857, en el marco de la Revolución industrial, las trabajadoras de una fábrica textil de Nueva York salieron a la calle a protestar en masa por las duras condiciones de trabajo. Si bien es cierto que en ese momento las condiciones laborales de todos los trabajadores eran durísimas, la precariedad se cebaba especialmente con la parte femenina del sector, cuyos salarios podían llegar a ser menos de la mitad que los de los hombres solo por el hecho de ser mujeres. Las protestas terminaron con la intervención violenta de la policía contra las manifestantes, pero aquella manifestación sentó un primer precedente gracias a su gran repercusión.

En 1907 tuvo lugar la primera Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Stuttgart, Alemania, liderada por Clara Zetkin, donde se fundó la Internacional Socialista de Mujeres. Uno de los primeros objetivos que perseguían era el sufragio femenino.

PARA SABER MÁS 



Historia

Sufragistas, luchadoras por el voto femenino

En el paso del siglo XIX al XX, Gran Bretaña asistió a la dura pugna de las mujeres para que se reconociera su derecho a votar. Así ocurrió todo

EL PRIMER DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Para mostrar apoyo a la huelga que las trabajadoras textiles llevaron a cabo en Nueva York en 1908 –una huelga que, junto con la de 1857, pasaría a la historia–, en 1909 una organización de Mujeres Socialistas celebró en EE.UU el primer Día Internacional de la Mujer. Aunque solo tuvo seguimiento en Nueva York y Chicago, se calcula que unas 15.000 mujeres participaron en una marcha que recorrió la ciudad de Nueva York.

En 1910, tuvo lugar el segundo encuentro Internacional Socialista de Mujeres, en Copenhague, Dinamarca. En esta ocasión, se propuso fijar un día simbólico –entorno al 8 de marzo– que sirviera para reivindicar los derechos de todas las mujeres, principalmente el derecho al voto. El siguiente año, se celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer el 19 de marzo en algunos países europeos como Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza.

Los grandes conflictos de una centena de años tan convulsa como el siglo XX ayudaron a afianzar el papel de la mujer, y a lo largo de las siguientes décadas muchas organizaciones de mujeres de otros países se fueron uniendo a las reivindicaciones que se llevaban a cabo durante el mes de marzo. Hasta que en 1975 la ONU reconoció el día de manera oficial.

Es cierto que no resulta sencillo fijar un solo acontecimiento como el motivo por el que se escogió el 8 de marzo, por ello se ha de entender como una lucha en conjunto, un esfuerzo prolongado en el tiempo. Así, se entiende como cada generación ha ido heredando el deber de luchar por sus derechos y por los de las generaciones venideras.

PARA SABER MÁS 



El Cantar de los Nibelungos

El Cantar de los Nibelungos es el más sombrío y trágico de los poemas épicos de Occidente. Herencia germánica y escandinava de una épica oral de los tiempos de las migraciones bárbaras, constituye una pieza central de la literatura universal, análoga al Poema de Mio Cid o al Cantar de Roldán. 

Su argumento, cuyas peripecias arrastraban ya más de siete siglos de antigüedad, funciona como una imparable máquina infernal de crimen y venganza hasta la total extinción de una raza, al modo de un sangriento film de gánsteres cuya acción se dilatase a lo largo de veinticinco años. La gran cantidad de manuscritos que nos han llegado demuestra que las gestas de Sigfrido, Crimilda, Brunilda y Atila fueron muy populares en su tiempo. 

Nos han seguido fascinando después, a juzgar por las numerosas recreaciones que se han hecho del texto en todos los ámbitos artísticos hasta nuestra época. Xavier Roca-Ferrer acompaña su brillante traducción, en prosa y profusamente anotada, de una introducción y unos comentarios críticos que hacen la obra accesible y grata al lector contemporáneo.

«Las grandes obras de la literatura medieval son tan emocionantes como desoladoras y acongojantes. (...) Resultaría muy fácil actualizar El Cantar de los Nibelungos y convertirlo en la historia de la aniquilación de un clan mafioso, algo así como un ‘Padrino’ con espadas.» Michael Dirda «No hay que ser necesariamente feminista para sostener que en El Cantar de los Nibelungos se nos cuenta la venganza imposible de una mujer en una sociedad dominada por los hombres.»
D. Buschinger y J. M. Pastré

Fuente del texto: amazon 

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